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Respirando en el vacío

Hawking, asistido por un médico y dos enfermeras, despegó el pasado jueves. Y el aparato subió hasta alcanzar los 32.000 pies. Y entonces viró y enfiló la Tierra en un ángulo de unos 50 grados, descendiendo en 30 segundos desde casi 9800 metros hasta poco más de 7300. Y se hizo el vacío. La ingravidez total.
 
 
Yolanda Monge. El País, 28-4-2007.
 

El artículo en cuestión viene adornado con una foto en la que se ve a Stephen Hawking flotando dentro de una cabina asistido por dos compañeros de viaje. Ninguno de los tres lleva ningún tipo de escafandra ni respirador.

Es muy típico esto de confundir la sensación de ingravidez con el vacío, pero son dos cosas radicalmente distintas. No sé a qué se deberá. Quizá sea porque se relacione la pesantez del cuerpo con el aire que nos rodea o que tenemos encima... Lo cierto es que si conseguir ingravidez fuese tan sencillo como vacíar la habitación de aire, no habría que hacer estos vuelos especiales para simularla. Y digo simularla porque gravedad haberla la hay: lo que ocurre es que, en caída libre, no se nota.

Eso sí: si alguna vez te invitan a entrar en una lugar realmente vacío, asegurate de llevar una bombona de oxígeno, por aquello de respirar.

 
 
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