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El secreto de los dioses

- El mundo, para ser perfecto y poseer la pura redondez que imaginó Parménides, ha de albergar en él un punto donde accedamos a todo ser y a todo el saber. En ese punto el tiempo y el espacio serán uno… Puedes, si quieres, llamar Akásar a ese punto, o puedes llamarlo de cualquier otra forma. Pero ese punto existe, y alguien lo descubrirá tarde o temprano, y verá lo que nadie ha visto…

- Habláis de un punto, no de una isla…

- Hablo de un punto infinito, como los que jalonan el recorrido de Aquiles y la tortuga según la aporía de Zenón

[...]

La cárcel, que parecía un enorme y rumoroso monasterio, era de granito y tenía nueve patios interiores, todos ellos iguales, a los que daban las noventa y nueve ventanas de las noventa y nueve celdas en las que a su vez se dividía cada una de sus secciones.

Nada más llegar al primer piso, sentí una amarga sensación de eternidad; y es que aquel edificio, de construcción reciente, parecía sin embargo una máquina fuera del tiempo, donde el tedio se había transmutado en ciencia exacta, convirtiendo cada patio en un abismo de severa geometría.


 
  Jesús Ferrero, El secreto de los dioses, pp.51,143.

► Bestiario: El Aleph.

Lo de severa geometría me recuerda a las matemáticas severas de Lautréamont.

   
 
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